Crítica: Deadpool 2, una secuela de manual.

Deadpool fue toda una sorpresa. No por conseguir más de 700 millones en taquilla, si no por el hecho de que un gran estudio como FOX, arriesgara 58 millones de presupuesto con una película clasificada R, lo que en USA equivale a menos taquilla. Pero la jugada salió redonda, una millonada de recaudación y una nueva franquicia, algo que a Ryan Reynolds le vino de perlas para su carrera. 

A la hora de abordar está secuela, han tirado por camino habitual en estos casos: hacerla más grande, mucho más. Y lo que en otros casos se convirtió en un problema, aquí es su mayor virtud, porque han sabido enarbolar las virtudes de la primera parte, acción violenta y salvaje, salpicada de gags transgresores y montones de referencias al mundo de Deadpool y a la cultura pop. Ryan Reynolds se ha hecho con el personaje del mismo modo que Robert Downey Jr. hizo con Iron Man, ya no puedes imaginarte a otro encarnando a Deadpool. Y las coñas a su propia costa (y hay varias en la película) no hacen sino aumentar esa sensación. El personaje de Domino es toda una roba escenas , y a pesar de lo que pueda aparecer en los trailers, los X-Forces no ensombrecen para nada al verdadero protagonista de este gag de 2 horas que es Deadpool.

El cambio de director también le ha sentado de maravilla. Tim Miller salió del proyecto al poco de empezar la pre producción (se rumorea que por desavenencias con Reynolds) y fue sustituido por David Leitch, uno de los dos directores responsables de John Wick. Y el cambio ha sido para bien, porque la acción está muchísimo mejor rodada y es más espectacular. 

Si bien tiene algunas cosas en su contra. Pierde un poco el factor sorpresa, porque en la primera parte, sobre todo si no eres un seguidor de los cómics, te pillan a contrapie sus burradas. En esta ya te las esperas y no es tan sorprendente como la primera vez. Su villano es bastante flojete, quizás por un mal casting y porque no han sabido desarrollarlo bien en el guion, el cual , además , se pierde un poco al principio de la película en un afán de llenar la pantalla de gags, y casi se les olvida que esto es cine y hay que hilar las escenas unas con otras para evitar perder al espectador. Afortunadamente se recupera y de ahí en adelante va solo hacia arriba, siendo cada vez mejor, para culminar , no ya en un final, si no más allá, en una escena post-créditos que es a la vez hilarante y que deja cuestiones en el aire para sus fans.

Estos pequeños inconvenientes no tiran para abajo el gran divertimento que es Deadpool, una película que adapta muy bien al personaje y que te hace partirte el culo durante 2 horas viendo burradas. ¿Qué más puedes necesitar?

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