Dunkerque. Sensaciones de guerra.

En todos los filmes de Nolan , el director siempre ha buscado como retorcer la narrativa tradicional para tratar de sorprender al espectador alejándose de formulas convencionales para contar sus historias. Dunkerque es un paso más allá en esa búsqueda. Aquí no encontrarás un gran guion, ni grandes actuaciones, ni siquiera encontrarás personajes memorables. Aquí encontraras sensaciones.

Porque es lo que Nolan quiere, que sientas, que te emociones a través de esos otros elementos que hay en las películas. Que sientas el miedo, la presión, la desesperación que sufrieron los 400.000 soldados británicos cercados por los alemanes en aquella playa de la ciudad francesa que da nombre a la película. Y ahí reside la mayor virtud del filme.

Desde el minuto cero, estamos metidos en el meollo. Contado desde varios puntos de vista que poco a poco irán convergiendo para dar sentido a la narración, Nolan juega con todos los elementos cinematográficos que normalmente quedan en segundo plano tras los actores y el guion. La música, sensacional, a cargo del habitual del director , Hans Zimmer, es omnipresente y constantemente impide que te relajes. La fotografía es sensacional, Nolan rueda siempre con Imax, es su formato favorito y eso se nota aunque la veas en un cine convencional. Los planos aéreos a bordo de los Spitfire son impresionantes. El sonido es aterrador, las balas y los impactos suenan tan reales que dan miedo. Todo el conjunto está pensado para que sientas lo mismo que aquellos soldados.

El guion queda en segundo plano, sobre todo si se tiene en cuenta que es un escueto libreto de 70 páginas que Nolan escribió una vez planificada la película. Recuerda a “Salvar al soldado Ryan”, por su realismo bélico, pero donde aquella buscaba la complicidad del espectador a través de las historias de los hombres que formaban el comando de búsqueda, aquí son todos esos otros elementos los que te llevan a empatizar con lo que se vive en la pantalla. 

Nolan es un director que merece mi respeto porque no trata al espectador como un imbécil, algo muy típico en el cine actual donde al espectador se le da todo mascadito. No va a lo fácil y consigue aquí toda una hazaña. Que sin haber personajes memorables o grandes actuaciones salgas de la sala del cine con la sensación de haber vivido una experiencia fantástica y aterradora, y que sus 107 minutos resuman de forma tan contundente lo que debió ser aquella huida de la playa de Dunkerque.

 

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